ABRES LA JAULA


Entendió que había llegado a la morada de Hara Kei cuando vio una enorme jaula que custodiaba un número increíble de pájaros de todo tipo: un espectáculo. Hara Kei le había contado que los había hecho traer de todas partes del mundo. Había algunos mas cotosos que toda la seda que Lavilledieu podía producir en un año. Hervé Joncour se detuvó a mirar aquella magnífica locura. Recordó haber leído en un libro que los hombres orientales, para honrar la fidelidad de sus amantes, no acostumbraban regalarles joyas: sino pájaros refinados y bellísimos.



En el extremo opuesto del pueblo se vislumbraba el palacio de Hara Kei, apenas un poco más grande que las otras casas, pero circundado por enormes cedros que defendían su soledad. Hervé Joncour se quedó observándolo, como si no hubiera nada más de alla hasta el horizonte. Así lo vio,
por último,
de improviso,
el cielo sobre el palacio mancharse con el vuelo de cientos de pájaros, como expulsados fuera de la tierra, pájaros de todo tipo, estupefactos, huir por todas partes, enloquecidos, cantando y gritando, pirotécnica explosión de alas y nube de colores disparada en la luz, y de sonidos, asustados, música en fuga, volando en el cielo.
Hervé Joncour sonrió.



Una tarde Hélène le preguntó:
- ¿Qué son?
- Es una jaula
- ¿Una jaula?
- Sí.
- ¿Y para qué sirve?
Hervé Jouncour tenía los ojos fijos en aquellos dibujos.
- Tú la llenas de pájaros, todo lo que puedas; despúes, un día que te suceda algo feliz, la abres de par en par y los miras volar afuera.

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Seda
Alessandro Baricco.

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Por fin terminé esa ilustración. Siempre me ha gustado esa escena del libro de Baricco, creo que he hecho varias interpretaciones gráficas de ello y cada una tiene algo que me llena.
Si usted desea una impresión firmada de esta ilustración puede solicitarla.
Saludos y buen fin de año.

  • December 28th, 2011
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